Hoy me enteré de que mi amigo Víctor se va del país. No me sorprende, la verdad él nos había contado que tenía planes de irse.
Igualmente, me duele mucho. Decidí volver a este blog porque ahora más que nunca pasan cosas que creo que me gustarán leer en un futuro.
Hoy, al llegar mi hermana, le conté que mi amigo Víctor se iba del país. Dio paso a un diálogo un tanto extraño.
'¿Estás bien, hermano?'
En ese momento me quedé viéndola a los ojos
'No, hermana. Estoy triste.' -Le dije, mientras ella empezaba a mostrar un semblante triste que me hacía sentir al menos comprendido. Pronto ambos empezamos a reír, haciendo como que no pasaba nada. Fue una risa triste, vacía. Forzada -
'¿Quieres un abrazo?'-Me dijo, con una sonrisa que la hacía parecer más un emoticón que mi hermana-
Asentí, ella se acercó a mi y me dio un abrazo fuerte. Mientras más rato pasaba, reíamos más fuerte. Hasta que poco a poco la risa se convirtió en llanto.
'¡¿Hermano?! Estamos locos, de verdad.'
Al decir eso, solamente nos quedamos en silencio. Y sentía las lagrimas en mi brazo, en mi cara. Sentía un dolor en el pecho, el dolor de un corazón roto. Porque comprendí que no sería la última vez que pasaría por eso.
Supongo que, aunque no tan marcado, muchas personas en la Venezuela actual viven algo similar: Recurren al sentido del humor porque saben que la realidad es devastadora.
Ese momento con mi hermana me pareció algo muy particular, un tanto anormal.
Aunque, siendo sincero. ¿Qué es normal en estos días?
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