Hace unos días me encontré leyendo entradas de mi afímera bitácora (la llamé así porque decirle diario no me gustaba) del año pasado. En esta, me quejaba por cosas normales para personas de mi edad: problemas por una muchacha.
Escribía con tanto fervor y detalle mi sentir acerca de aquella muchacha. Y siempre, sin importar qué, terminaba mal de nuevo.
Comparandola con notas actuales, puedo ver una gran diferencia; pues mis preocupaciones eran otras, y mucho menos importantes.
Mis prioridades en aquel momento eran tan diferentes, igual que mi punto de vista sobre algunas cosas.
Una amiga me dijo hace poco que los adolescentes cambian en un año más que un adulto en diez. Y al menos, en mi caso, esto es cierto.
Esto lo comprobé con las entradas que mencioné. Y realmente se siente como un viaje en el tiempo.
En este momento, mis pensamientos de seguro no serán iguales a los que tendré dentro de un año. Y los de ese año no seran como los del siguiente... Así sucesivamente.
Pensando esto, solo puedo concluir que la manera más fácil y quizás placentera de viajar en el tiempo es plasmando ideas para leerlas en un futuro.
Quizás en unos años lea esta entrada con nostalgia sobre alguna situación de mi entorno, algo que esté, o que no esté. Quizás una persona nunca estará en un estado realmente bueno de pensamiento. Y por eso todos cambiamos tanto. O tal vez simplemente sean consecuencias de otros factores. Por ahora, solo me queda seguir pensando, y confundiendome con mis propios pensamientos. Plasmandolos para ver si en algun momento siento orden o estabilidad interior. Paz.
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